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EUROCOPA 2016 VIOLENCIA (Crónica)

Marsella despierta con 2 preguntas: ¿se pudo evitar? ¿puede volver a ocurrir?


Domingo, 12 Junio 2016 14:20

La ciudad de Marsella se despertó este domingo de la pesadilla que ha vivido en los últimos tres días, en los que el Puerto Viejo se convirtió en una zona de guerra entre aficiones, con dos preguntas aún sin resolver; ¿se pudo evitar? y, sobre todo, ¿puede volver a ocurrir?.

Óscar González

La vida volvió este domingo a la normalidad en el centro histórico de Marsella. En una mañana soleada, las terrazas volvieron a estar llenas de gente, los turistas se amontonaron en las filas para tomar los barcos turísticos hacia el parque nacional de Calenques y los coches circulaban sin problemas.

Ni rastro de los miles de cascos rotos, de las sillas desperdigadas, de los centenares de policías antidisturbios desplegados y las carreras incontroladas de los días anteriores.

Ni siquiera, en el pub irlandés O'Mailley's, centro neurálgico de la "zona cero", hay rastro alguno que ayude a imaginar lo que ocurrió. Ha abierto sin problemas y sigue la misma oferta de pintas a 5 euros.

En la puerta fuma un hombre sexagenario, con gafas de sol y chaqueta vaquera. Parece un temprano cliente, salvo por el brazalete fosforescente que lleva en el brazo, con la inscripción "securité".

No está preocupado. Hubert Muntaner, que ha vivido todo en primera persona, dice a Efe que en el local no hubo problemas, que estos se originaron con la llegada de la policía y, sobre todo, los aficionados rusos.

"Los ingleses estuvieron bebiendo y no hubo problemas dentro del local. Nosotros ya el segundo día retiramos las barras que había en el exterior y no servíamos cerveza fuera. Todo ocurrió fuera y sobre todo con los rusos", asegura.

Muntaner, al que es difícil imaginar controlando a una horda de musculados, rapados y tatuados hooligans británicos, asegura a Efe que no teme que se repitan los hechos. Y cuando se entera de que podrían volver a enfrentarse en semifinales rusos e ingleses, responde tranquilo: "Se tomarán más medidas".

Pero esta aparente tranquilidad no esconde en Marsella el temor a que se repitan los altercados. Sobre todo, porque apenas ha habido asunción de responsabilidades.

Las autoridades francesas defienden que el dispositivo de seguridad fue el adecuado. "Los enfrentamientos del último día duraron una hora y media, entre las 4 y las 5.30 y la eficacia del dispositivo se demuestra porque no hubo incendios ni pillaje en los establecimientos", aseguró el prefecto de la policía marsellesa, Laurent Núñez, al diario La Provence.

La UEFA se encargó de recordar la tarde del sábado que ella puede sancionar sólo lo que ocurre en el perímetro de seguridad del estadio. Posteriormente, las peleas se reprodujeron en un fondo del Velodrome, en el que también se lanzaron bengalas y petardos, lo que ha motivado la apertura de un expediente disciplinario.

Y los técnicos de ambos conjuntos también se mostraron excesivamente tibios ante la gravedad de los hechos. "Yo lo que espero es que nos animen como lo han hecho desde que soy seleccionador", se limitó a decir la víspera del partido el inglés Roy Hodgson, cuando sus hinchas ya habían protagonizado actos vandálicos.

Leonid Slutski, mientras, no quiso valorarlo. "Yo opinó de lo que ocurre en el estadio, no de lo que pasa fuera", indicó en la rueda de prensa tras el partido. Y al informarle de que las peleas y el lanzamiento de bengalas se produjo en el estadio, matizó. "Es lo que he dicho, de lo que ocurre en el terreno de juego".

Pero la sensación es que, pese a que era algo previsible, no se hizo todo lo que se pudo. No se prohibió la venta de alcohol, como se va a hacer en Lens con motivo del Inglaterra-Gales, y los "hooligans" siguieron siempre la misma rutina; comenzar a beber desde por la mañana, provocar con sus cánticos y pelear por la tarde.

Tampoco se controló a los grupos de radicales rusos, que llegaron a Marsella con una idea clara. Su violencia no tiene que ver con el alcohol. Fueron grupos organizados, a modo de comandos, con botas militares y la cara cubierta en muchos casos, que pasearon su indolencia por las calles del casco antiguo en busca de pelea. Los "carniceros" del Lokomotiv, los "gladiadores" del Spartak o los "luchadores" del Torpedo, radicales ultranacionalistas, que querían demostrar quién manda entre los ultras.

Todos pierden después de tres días de caos. La UEFA, porque ha visto empañado su torneo nada más empezar. El gobierno francés, que en pleno estado de emergencia por la amenaza terrorista no ha sido capaz de controlar a los hinchas. El británico, porque de nuevo exporta lo peor de sus aficionados, cuando creía casi desterrado el "hooliganismo". Y el ruso, que a dos años de su Mundial, no parece preocupado en tomar medidas contra los más violentos.

Pero sobre todo pierden los aficionados. Las familias que se desplazaron para animar a su selección y estuvieron más pendientes de la seguridad de sus hijos que del fútbol.

No habrá más partidos en Marsella hasta el sábado 18, un Islandia-Hungría que no debería crear problemas. Pero en el horizonte ya se vislumbra otro encuentro de alto riesgo (Ucrania-Polonia) y el futuro podría deparar la repetición del Inglaterra-Rusia, el 7 de julio, en semifinales.

Fechas que pueden volver a poner a Marsella en los titulares de todo el mundo.

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El Desmarque