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España no se clasificó para la fase final

Bélgica 1972: 'Torpedo' Müller, el rey de la fiesta alemana

Escrito por Gabriel Galán

Lunes, 23 Mayo 2016 17:19
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Hablar de fútbol, de Eurocopas y de Alemania es hablar, sobre todo de Gerd Müller. Un delantero a la antigua usanza con el gol entre ceja y ceja. Un Torpedo bestial y mágico que coronó a la extinta Alemania Federal en 1972, la Alemania del Kaiser Beckenbauer, Jupp Heynckes, Uli Hoeness o Paul Breitner. El primer título europeo de este calibre para una selección que creó escuela. Un equipo de fútbol que se había ganado ya un nombre y un estilo muy particular.

Aquel torneo en Bélgica no fue uno más. Ni por el transcurso de la ronda final ni por todo lo vivido con anterioridad. La organización decidió premiar a la selección belga con la celebración del campeonato, porque no se llega todos los días a unas semifinales. Sin Italia, la gran favorita (ganó cuatro años antes) que fue apeada antes de tiempo por la propia Bélgica, y también sin España, la URSS, Hungría y Alemania Federal intentaron evitar la sorpresa de la anfitriona. Y Müller se encargó él solito de evitarlo para erigirse en el héroe de una de las mejores selecciones alemanas de la historia, la mejor hasta ese momento, a la altura de la reciente campeona del mundo con Joachim Löw en el banquillo.

El Torpedo silenció el Bousilstadion con dos goles para llevar a Alemania Federal a la gran final. El tanto de Polleunis sólo valió para meter presión, pero a esta selección germana no le asustaba nadie. Müller tenía claro que en sus botas estaba la historia de su combinado, su propia historia y también la de muchos aficionados, después de años sin premio. Porque ese vestuario necesitaba ganar para callar muchas bocas, para reivindicarse, para dar un golpe en la mesa de toda Europa. Los goles de Müller en el Mundial de 1970 no valieron, pero esta vez sí sería fundamental. Aunque él se llevase el Balón de Oro ese mismo año, el valor del premio era casi ínfimo.

El poder de la URSS

Bélgica no fue un rival cómodo pero claudicó. Alemania Federal ya estaba en la final. Su rival saldría del enfrentamiento entre la URSS y Hungría, a priori con favoritismo soviético. Dicho y hecho. La experiencia en este tipo de torneos es un grado y la URSS sacó a relucir su calidad para meterse de nuevo en una gran final, acostumbrada a vivir este tipo de situaciones y partidos. 

Anatoliy Konkov apagó el fuego ante Hungría con un solitario gol con sabor a final. Hubo sufrimiento ruso porque el rival siempre había rozado la gloria pero fue eso siempre, rozar. Ni en los Mundiales ni en la Eurocopa de Bélgica, Hungría pudo repetir una infinita sonrisa, porque la URSS se plantó en su tercera final a la espera de apagar a Müller y compañía. Una gran final esperaba, la mejor posible.

La gran final

La mejor generación de jugadores en Alemania tenía ante sí la posibilidad de brindar el primer éxito gordo a su gente, dar un golpe en la mesa y demostrar que el futuro (y el presente) era suyo. Y lo hizo a lo grande. Müller sacó su magia de la chistera junto a Wimmer para resolver la final. Un histórico doblete del Torpedo y Alemania Federal campeona de Europa. Un antes y un después en la historia del fútbol.

Porque dos años más tarde Alemania, ante su gente, con su fútbol, con su nombre, volvió a reinar, pero esta vez a nivel mundial. La era de Alemania ya se había iniciado y el nombre de Müller recorría las portadas de los medios más importantes de Europa.

El 'Gordito y Bajito' Müller

La coronación de Alemania fue el primer paso para que Müller recibiera la Bota de Oro ese año como máximo goleador esa misma temporada (85 tantos), cuatro de ellos decisivos en la fase final de la Eurocopa de Bélgica. Su registro perduró en el tiempo 40 años, hasta que un tal Lionel Messi hizo magia y maravillas con el Barcelona para batir cualquier récord escrito y por escribir.

El "levantador de pesas" o un "elefante en medio de purasangres", como calificó en sus inicios a Müller su técnico en el Bayern Zlatko Cajkovski, confirmó en el mejor escenario posible que quizás era el mejor jugador del mundo en esos momentos. Un "gordito y bajito" que muchos ya quisieran tener en su equipo. Un puro Torpedo. 

España, fuera de juego

Al hablar del Bélgica 1972 no se puede obviar el fiasco de la selección española en la clasificación para la fase final. El sueño de la Eurocopa acabó muy pronto, incluso antes de los cuartos de final. España quedó segunda en un grupo liderado por la URSS además de Chipre e Irlanda de Norte. Estas dos últimas no tuvieron opciones y en los duelos decisivos el combinado soviético fue mucho más certero. 

La segunda Eurocopa era un imposible... hasta esas semanas mágicas en Austria y Suiza. Quizás Fernando Torres no fuese como Gerd Müller, pero en algo se le parecía. Quizás si esa selección española tuviera ese 1927 a un Torpedo todo hubiera sido bien distinto. La hazaña de Müller fue histórica. Y así sigue: recordada por todos los amantes del fútbol.

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