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EUROCOPA 2016

En Francia la estrella es Deschamps


Miércoles, 08 Junio 2016 19:36

Didier Deschamps se ha convertido en la estrella de Francia, un equipo que retomó destruido hace cuatro años y que ha convertido en uno de los favoritos para ganar la Eurocopa que se celebra en su país.

Luis Miguel Pascual

En un equipo que carece de un gran referente sobre el terreno de juego, el seleccionador ha ido ganando peso y haciéndose un hueco en el corazón de la hinchada, que aprueba cada uno de sus gestos. Nadie toca a Deschamps.

El vascofrancés tiene una personalidad que gusta a los franceses. Habla con franqueza, no se anda por las ramas y su discurso siempre es el de un ganador.

Deschamps se ganó a la hinchada como jugador, aquel centrocampista de corte defensivo, pilar de unos equipos que basaban su juego en la solidez del conjunto, tanto con Francia como con la Juventus de Turín.

Pero todo el mundo coincide en que, más allá de su inestimable labor en el terreno, Deschamps era una pieza clave en el vestuario, el gran capitán del equipo que se proclamó campeón del mundo en 1998 y de Europa dos años más tarde.

Hasta en 103 ocasiones vistió al "bleu", la mitad de ellas como capitán, un récord absoluto.

No son pocos los que consideran que el declive de aquella Francia coincidió con la retirada de Deschamps, que a sus 32 años decidió no vestir más la "bleu".

Francia perdió un referente ganador, un hombre de fuerte personalidad capaz de aglutinar a todo el equipo. Esa imagen, la del líder del vestuario, siempre la ha cultivado el técnico, que como entrenador ha buscado la misma vía.

Por eso la palabra de Deschamps, su marcado acento del suroeste, es escuchada por los franceses y suele acallar polémicas con solo pronunciarse sobre ellas.

Ni las acusaciones de racismo lanzadas por Éric Cantoná y retomadas en parte por Karim Benzema, han podido con el prestigio de Deschamps.

Es un ganador y eso lo demuestra su palmarés: dos Ligas de Campeones, dos ligas francesas, tres italianas, una Copa de Italia y otra de Inglaterra con el Chelsea, además de los dos grandes trofeos conseguidos con la selección.

Como entrenador cuenta ya con una liga francesa y tres Copas de la Liga con el Olympique de Marsella, además de otra con el Mónaco, equipo al que, contra todo pronóstico, llevó hasta la final de la Liga de Campeones, dejando en la estacada a equipos como el Real Madrid o el Chelsea.

Pero lo que los franceses más admiran de Deschamps es que ha sido capaz de reconstituir la selección, que heredó descompuesta de Laurent Blanc y que he convertido en una máquina.

El seleccionador se encontró un equipo roto que todavía sentía las reminiscencias del fracaso del Mundial de 2010, donde no metieron un gol y donde las polémicas con el entonces entrenador, Raymond Domenech, fueron constantes.

Blanc, contratado para la Eurocopa de 2012, no logró reconstituir el espíritu de equipo, en el que las divisiones internas siguieron marcando la pauta.

Ante ese panorama, Francia se puso en manos del hombre providencial que tantas veces les llevó al éxito. Deschamps acabó con las polémicas y construyó un grupo asentado y pacificado, desembarazado de sus hombres más polémicos.

El trabajo no fue fácil y Francia estuvo a punto de quedarse fuera del Mundial de 2014, pero Deschamps no perdió la fe. Condenado a la repesca contra Ucrania, Francia cayó en Kiev 2-0 y el país cayó en una profunda depresión. El seleccionador no dejó de creer en la remontada, que se produjo en el Estadio de Francia 3-0 y que selló para siempre la fe de un país en su técnico.

Desde entonces, nadie duda ya de la palabra de Deschamps, convertido en la auténtica estrella de Francia.

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El Desmarque