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Eliminada y con una pobre imagen en la Eurocopa

Pequeña Rusia a dos años de su Mundial

Escrito por Luis Miguel Pascual / EFE

Martes, 21 Junio 2016 12:43
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Igor Akinfeev, portero de Rusia.

Un punto, dos goles, una imagen desastrosa -dentro y fuera de los estadios- y un seleccionador a la fuga. Así abandona Rusia la Eurocopa de Francia, lejos de las aspiraciones fijadas que pasaban, al menos, por las semifinales del torneo.

La dimisión de Leonid Slutski la noche misma de la derrota (3-0) frente a Gales marca bien el primer fracaso sonado de la Eurocopa de Francia, el de una selección que solo ha dado que hablar por el comportamiento violento de sus ultras.

A dos años el Mundial que organizará en sus tierras, la selección rusa tiene por delante un reto de enorme envergadura, recuperar a un equipo a la deriva.

Un fracaso que refleja bien el mal momento que atraviesa el fútbol ruso y que en la selección se ha saldado por una tercera fase final consecutiva sin superar la liguilla de grupos.

Desde que la Rusia liderada por Arshavin alcanzó las semifinales de la Eurocopa de 2008, el equipo ha entrado en una caída en picado paralela a la que sufre el fútbol en Rusia.

La salida tumultuosa de Fabio Capello del banquillo en junio de 2015, con el equipo al borde de la no clasificación para la Eurocopa de Francia, fue solo un síntoma.

Slutski, solución de recambio adoptada como medida de emergencia, solo pudo detener la sangría. La llegada de un técnico local con un prestigio labrado en el CSKA de Moscú sirvió de revulsivo provisional y con cuatro triunfos consecutivos al equipo le llegó para clasificarse.

Pero ese éxito relativo no ocultó que Rusia es una selección en picado, con una media de edad de 28,8 años y 9 jugadores por encima de los 30, un equipo pensado para el corto plazo y no para preparar el Mundial de su casa.

Rusia gestionó como pudo la salida del carismático Capello, que se marchó dejando de paso vacías las arcas de su Federación, y Slutski, que solo cobraría si conseguía buenos resultados, taponó de forma provisional la sangría. Pero al final los problemas surgen.

El seleccionador tuvo que alinear a dos "9" en las bandas y componer un equipo sin sus dos principales estrellas, Dzagoev y Denisov, ambos lesionados.

Con prisa, el presidente ruso, Vladimir Putin, nacionalizó a Neustädter, exinternacional alemán nacido en Ucrania, para reforzar al equipo. Pero el experimento no ha funcionado.

Slutski, sabedor de que la tarea que aguarda es colosal, se marchó asumiendo toda la responsabilidad del fracaso, en un gesto que le honra.

"Soy el único responsable de estos resultados. Tuve tiempo suficiente para encontrar a los jugadores. Si no hemos triunfado aquí, claramente es por mi culpa", aseguró en las entrañas del estadio de Toulouse donde certificó su fracaso.

El mismo en cuyas puertas, poco antes del partido contra Gales, se fotografiaba tan campante Alexadre Shprygin, considerado el líder de los ultras rusos que mancharon para siempre la imagen festiva de la Eurocopa de Francia.

Shprygin, próximo de la ultraderecha rusa y de ciertos elementos del Kremlin, había sido expulsado por las autoridades francesas la semana anterior por desórdenes públicos.

Pero entró de forma clandestina en Francia, no sin dejar rastro de sus movimientos a través de Twitter, en una clara provocación a las autoridades locales.

El ínclito alborotador ha tenido más pericia y sus violentos objetivos mejores resultados que la selección a la que asegura apoyar.

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