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La selección hizo historia ante la URSS con su primer título europeo

España 1964, con Marcelino a la gloria

Escrito por J. R.

Miércoles, 04 Mayo 2016 11:57
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¡Y España lo logró!. La primera gran alegría de la historia de nuestra selección, y única hasta prácticamente hace unos años, se produjo en esa fecha inolvidable del 21 de junio de 1964. Sobre las ocho y diez de la tarde, todos los ojos estuvieron puestos en aquel Santiago Bernabéu a rebosar cuando el azulgrana Chus Pereda se inventó un centro al área que Marcelino convirtió en gol con un testarazo imparable que ni siquiera el mito de la 'araña negra', Lev Yashin, pudo detener.

Un tanto celebrado al unísono por todo un país que no pasaba precisamente por su mejor época. Minutos después, la alegría se desbordó más si cabe con la consecución de un título siempre en la memoria de todos los españoles, que evidenció en su momento el gran potencial de una selección proclamada Campeona de Europa, imponiéndose además al vigente país que ostentaba dicho logro.

Una oportunidad que no podía dejarse escapar la de ese junio de 1964. Tras el 'varapalo' sufrido cuatro años antes, el hecho de ser el país anfitrión no solo otorgaba a España más favoritismo para conseguir el título, sino que suponía una ocasión especial para albergar una Copa de Europa de Naciones, una fecha para hacer soñar a los aficionados y para que el Gobierno Franquista mostrara al resto del continente su orden y aperturismo.

El Gobierno Franquista aprovechó la oportunidad de dar un golpe al "enemigo comunista" en el propio país español tras la renuncia a enfrentarse al equipo soviético cuatro años antes

El formato de la competición solo varió respecto a Francia'60 en el cupo de selecciones participantes en la fase previa, que aumentó de 17 a 29 con las incorporaciones de Italia, Holanda, Suecia e Inglaterra, resistiéndose todavía a participar la Alemania Federal. Pese a los problemas acontecidos en el primer campeonato europeo, la celebración de éste otorgó sin duda unas bases sólidas para una continuidad obligatoria del torneo, que fue ganando cuerpo con el paso de las ediciones posteriores hasta llegar al éxito actual.

Para los nuestros, España'64 conllevaba la difícil tarea de renovar un equipo plagado de estrellas en la recta final de su carrera que habían fracasado en el Mundial de Chile dos años antes. Precisamente, sería en 1964 cuando se acordaría la famosa regla que impediría en adelante la posibilidad de convocar a un jugador por dos selecciones nacionales.

Con veteranos como Gento y futbolistas indispensables llamados Iríbar, Amancio, Pereda, Zoco o el propio Marcelino, se formaba la base de un equipo que giraba en torno a la figura de un Luis Suárez Balón de Oro, estrella del Inter de Helenio Herrera en la década de los sesenta y uno de los mejores de toda la historia de este deporte.

El camino hacia el título

La andadura para los españoles comenzaría ante Rumanía en noviembre de 1962, de nuevo con eliminatorias a ida y vuelta esta vez desde los dieciseisavos de final. Tres rondas que tuvo que solventar España para llegar a la histórica fase final. Los rumanos y las dos selecciones irlandesas fueron los rivales que sucumbieron ante el combinado nacional, que solo sufrió en octavos, cuando salió obligado a ganar en Belfast ante Irlanda del Norte tras el empate a uno de la ida en San Mamés. Un solitario gol de Gento dio el pase a la Roja en una eliminatoria de la que no pasaron Alemania, Austria, Holanda o Italia.

En el último escollo antes de la fase final, un Sánchez Pizjuán a rebosar presenció la goleada histórica a la otra Irlanda (5-1), con dobletes de Marcelino y Amancio. La visita a Dublín confirmó la presencia de los nuestros entre los cuatro mejores de Europa.

Junto a los españoles, Dinamarca, Hungría y la temida y vigente campeona URSS disputarían las semifinales en territorio nacional. Los soviéticos eran los que más preocupaban a los políticos españoles, que veían como podrían verse de nuevo las caras ante ellos tras la nefasta situación ocurrida cuatro años antes. La fortuna quiso que ambos países no tuvieran que enfrentarse hasta la final, a la que la URSS se clasificó sin problemas tras doblegar en el Camp Nou a la sorprendente Dinamarca de Ole Madsen. Figuras como Voronin, Ivanov o el propio Lev Yashin no se dejaron intimidar y los rusos volverían a estar tan solo a un partido de repetir título continental.

Sufrió mucho más España para hacer lo propio ante una Hungría que representaba su segunda época dorada futbolística, y que estaba formada por jugadores como Florian Albert y Ferenc Bene. El tanto de Amancio en la prórroga certificó el pase a la gran final.

Cuatro años después de la renuncia, la selección volvía a tener que medirse a la URSS, esta vez en Madrid, en casa. Pese a algunos rumores que apuntaban a que el ministro Secretario General del Movimiento, José Solís, convenció a Franco para que el encuentro se disputara, este hecho no se considera nada seguro teniendo en cuenta que se acababan de restablecer las relaciones diplomáticas entre ambos países por motivos comerciales.

Pese a las presiones por parte de los más reaccionarios del Gobierno para que el partido no se jugara por la "indignidad de medirse ante el combinado comunista", no solo no se llevó a cabo tal suspensión, sino que el protocolo fue el habitual y nada extraño sucedió. El Jefe de Estado acudió al palco del Santiago Bernabéu, ondearon ambas banderas nacionales y sonaron los himnos oficiales. Además, Franco se libró del 'mal trago' de entregarle la Copa de Europa al capitán ruso.

La final soñada

La unión entre furia y calidad le dio a España su primera Eurocopa precisamente ante el mejor equipo de aquella época. El sentimiento de saber que se le podía ganar a cualquiera otorgó a la Roja la denominada 'furia española' que junto con la calidad y el bloque formado por buenos futbolistas doblegarían a los soviéticos pese al cansancio de la semifinal ante Irlanda.

Un Santiago Bernabéu con más de 100.000 espectadores (la mejor entrada hasta el momento en esta competición), llevó en volandas a la selección que vestía de color azul. Tan fuerte salieron los de Villalonga que a los cinco minutos ya mandaban en el marcador, gracias al tanto de Chus Pereda.

Marcelino hizo el gol de todos y concedió a España su primer gran triunfo y único hasta la segunda Euro de Torres y el Mundial de Iniesta

La alegría no duró mucho y tres minutos después, Khusainov ponía las tablas tras aprovechar un error de Fusté y Olivella para superar a Iríbar. Los dos mejores guardametas de Europa ya habían encajado en esta finalísima cuando apenas se habían llegado a los diez minutos, lo que dejaba a las claras el potencial ofensivo de ambas selecciones.

El encuentro se convirtió en una batalla táctica y con apenas ocasiones claras de gol a partir de ahí, hasta que a falta de seis minutos para la prórroga que ya todos esperaban, Marcelino hizo el que por muchos años ha sido el gol más importante de la historia de la selección.

Zoco abrió a la banda para Revilla, que se la cedió a Pereda para que éste, ante la oposición del lateral ruso, pusiera un balón al área que el delantero del Zaragoza remató en plancha con tanta potencia que el gran Yashin solo pudo seguirlo con la mirada. Un gol para la historia de todos los españoles, los que lo vivieron y los que lo vieron por televisión años después. Todos lo recordarán eternamente porque fue el primer triunfo del combinado nacional.

Curiosamente, no sería hasta 2007 cuando salieron a la luz las imágenes reales del tanto, que demostraron que la asistencia era obra de Chus Pereda y no de Amancio, como en principio había publicado el NO-DO.

El país vivió su momento de gloria justo cuando se cumplían 25 años de Régimen, para el que significó uno de sus instantes más históricos al tratarse de un triunfo sobre el comunismo. Por ello, la prensa resaltó la victoria del 'otro' partido para el mundo por encima del significado futbolístico, como ya había hecho la URSS en Francia.

La mayor conquista del fútbol español se convirtió en leyenda, gracias también al tiempo que tuvo que pasar para volver a una época dorada de nuestra selección. 44 años entre Marcelino y los Fernando Torres, Iniesta y compañía que determinan el alcance de lo que supuso y continúa significando tal éxito para el deporte en nuestro país.

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